Álvaro Martín, investigador de lo paranormal, lo admite: duda de todo… pero cree en fantasmas y OVNIs

Álvaro Martín delante del Palacio de Linares.
De la ouija en su infancia al Caso Vallecas: así ha cambiado su forma de investigar el misterio.

Hablar con Álvaro Martín es entrar allá donde la duda no es una debilidad, más bien es una forma de honestidad intelectual. Investigador y divulgador del misterio madrileño, ha recorrido durante años escenarios marcados por las apariciones más variopintas, ha recabado cientos de testimonios, ha pisado enclaves históricos como el antiguo Museo del Ejército o el Palacio de Linares y ha estado en el terreno donde se produjeron hechos sorprendentes. Pero más allá de los espectacular, de los casos y las psicofonías, lo que define su trayectoria es una constante como la búsqueda y la mente abierta.

Desde sus primeras experiencias infantiles —con lecturas cargadas de misterio sobre el Triángulo de las Bermudas y noches viendo Expediente X— hasta su consolidación profesional influido por referentes del mundo paranormal, Álvaro Martín ha andado por un camino complejo en un ámbito tan apasionante como controvertido. En esta conversación repasa sus inicios, sus dudas, los casos que le han marcado y los límites éticos que nunca está dispuesto a cruzar. Una entrevista que no ofrece certezas absolutas, pero sí va a dar una visión muy muy sincera sobre lo que significa convivir con lo inexplicable en pleno siglo XXI.

¿Cuál fue el primer acontecimiento o experiencia que despertó tu interés por el misterio y los fenómenos paranormales?

Desde pequeño parte de mi familia me inculcó la curiosidad, especialmente hacia los temas de frontera. No había tabúes en casa. En el colegio, con apenas diez años, los mayores nos contaban historias paranormales que supuestamente ocurrían allí. Incluso recuerdo haber jugado –porque lo que hacíamos era jugar, inconscientemente– con la ouija en el recreo y ver cómo los grifos de unos baños cercanos se abrieron solos. Veía Expediente X, leía relatos de terror... En fin, supongo que estas cosas me han gustado desde siempre.

¿Hubo alguna persona, obra o momento decisivo que te empujara a dedicarte profesionalmente a este campo?

Uno de los primeros libros que recuerdo leer, heredado, fue El triángulo de las Bermudas, de Charles Berlitz. Pero sin duda quien más me influyó y me hizo querer dedicarme profesionalmente al misterio fue Iker Jiménez y su equipo en la Cadena SER, con el programa Milenio 3.

¿Cómo ha evolucionado tu visión del misterio desde tus inicios hasta hoy?

No demasiado: siempre me ha interesado mucho todo lo que no tiene una respuesta clara y fácil. Pero precisamente sabiendo que en estos campos de lo paranormal o los ovnis no tenemos apenas certezas me cuesta hablar tajantemente. Creo que siempre ha sido así, aunque posiblemente antes, por tener menos información y menos experiencia, había casos o temas concretos en los que creía, y que hoy sé (o sospecho) que son fraudes. Pero quiero que quede muy claro que creo en fantasmas y ovnis, aunque no acabe de comprender cuál es su verdadera naturaleza. De hecho no es cuestión de creer, sino de tener la información correcta.

¿Qué ha sido lo más difícil de abrirse camino en un ámbito tan controvertido?

Este terreno apasionante de la investigación y divulgación de enigmas me ha dado muchísimas alegrías y momentos inolvidables. Es un ámbito precioso que te da pie a aprender sobre arqueología, historia, astronomía... Sin embargo lo más difícil ha sido y es la competencia que hay en una plaza tan complicada como Madrid, donde hay muchísimas personas que vienen para intentar hacerse un hueco. La competencia, sobre todo la desleal y cainita. Por eso estoy contento de estar donde humildemente estoy sin haber recurrido a artimañas o aprovecharme de la gente. Además en profesiones como el periodismo está a la orden del día el intrusismo, y no estoy hablando de títulos precisamente.

En el Museo de Cera de Madrid.

¿Qué papel ha jugado tu entorno familiar o personal en tu carrera dentro del misterio?

Mi familia es envidiable. En todo momento me ha apoyado y animado a seguir por un camino que, dicho sea de paso, no es fácil ni opulento, pero sí muy satisfactorio. Dicho de otra forma y coloquialmente: no les voy a sacar de pobres. Pero mis padres, por ejemplo, son lectores de mis libros y oyentes de mis programas, porque disfrutan de verdad de enigmas y misterios. Así que no podría estar más agradecido de mi entorno.

¿Cuál ha sido el caso más significativo o determinante de tu carrera?

El caso más significativo siempre está por llegar. Pero de los que estoy bastante orgulloso es de aquellos que he sacado a la luz por vez primera, agradeciendo a los testigos que confiaran en mí. Un ejemplo es el de los fenómenos paranormales y apariciones que presenciaron militares, personal de seguridad, de limpieza, etc. en el antiguo Museo del Ejército –hoy sede del Museo del Prado–, ubicada en el Palacio del Buen Retiro. Otro ejemplo es el Cuartel General del Ejército del Aire, en la zona de Moncloa. Se ve que les caigo bien a los militares.

¿Qué metodología sueles utilizar para investigar un fenómeno y separar datos de interpretaciones?

El mejor instrumento para una investigación es el sentido común y saber cómo funcionan los aparatos que tienes. Al final es cierto aquello de que lo más sencillo es lo mejor, y tendemos hay que tener cuidado con las nuevas tecnologías (apps, spirit box…). Con esto no pretendo invalidar todo lo moderno, poniéndome a favor de una sencilla grabadora y un péndulo. Pero sí debemos conocer a la perfección el funcionamiento de todos los instrumentos usados en una investigación y ser honestos con nosotros mismos. Abundan los falsos positivos. Y sobre todo, no afirmar nada que no podamos constatar al cien por cien. Que no nos duela usar palabras como “posiblemente” o “quizás”. Una vez asimilado esto, podremos usar correctamente detectores electromagnéticos, sensores de movimiento o incluso la tan denostada spirit box. Y una mala noticia: la investigación conlleva momentos muy aburridos a posteriori de análisis pormenorizados para separar el grano de la paja.

¿Has cambiado de opinión sobre algún caso importante después de investigarlo a fondo?

Constantemente. Y hay casos en los cuales he cambiado hacia el no, y luego he vuelto al sí. Por ejemplo en el Caso Vallecas he pasado de afirmar que en esa casa hubo algún fenómeno paranormal a dudarlo, casi a negarlo, y luego a volver a pensar que allí pasaban cosas. Me baso únicamente en los testimonios de la familia. Así he pasado del puro caso de infestación o posesión diabólica a pensar que estábamos ante un poltergeist. Vivo en una eterna duda porque, para mí, casi nada se puede explicar en términos absolutos de blanco o negro. Hay otros casos en los que está bastante claro, como es el asunto de Ummo: el fraude lo reconoció el propio Jordán Peña. Con el Palacio de Linares, por ejemplo, mientras muchas voces decían que era un tema superado, fraudulento, al indagar por mi cuenta y hablar con testigos, buscar en hemeroteca, etc., me di cuenta de que era mucho más complejo y que había verdaderos sucesos extraños. El resultado fue mi libro El palacio maldito.

Junto a Piedad Clavero, del Grupo HEPTA, y la actriz Belén Rueda.

 

¿Qué evidencias, si las hubiera, te han resultado más difíciles de explicar?

Intento darle a todo lo paranormal una explicación racional y con las herramientas disponibles. Aunque pueda no parecerlo soy tremendamente mental y racional. Pero intento ser también honesto y sé que hay cosas muy difíciles de explicar, o al menos con un argumento que convenza a todo el mundo. Temas como que un objeto se mueva solo sin estar mal colocado, ni en pendiente, ni sujeto a corrientes de aire… O cuando un medium da en la diana con los mensajes que supuestamente recibe de un fallecido. O los intrincados testimonios de ovnis, pronunciados bajo juramento de decir la verdad, de testigos militares en el Congreso de EE. UU. Testimonios que en ocasiones van acompañados de fotos o vídeos de objetos con formas y comportamientos aparentemente imposibles. Eso está ahí y es difícilmente rebatible excepto con argumentos que resultan pueriles. No nos tomen por tontos.

¿Cuáles son los límites éticos que te impones antes de iniciar una investigación?

En primer lugar no colarme en sitios que tengan un cartel de “Propiedad privada. Prohibido el paso”. Tampoco me gusta investigar la vertiente paranormal de catástrofes, especialmente si son cercanas en el tiempo o en el territorio. Por ejemplo, me constan distintas manifestaciones paranormales relacionadas con el 11-M, pero es un tema que nunca he abordado en profundidad por cuestiones éticas. También intento cuidar al testigo: garantizar su anonimato si así lo desea, y sobre todo escucharlo mostrando empatía. Es lo menos que merece.

Por otra parte, deberíamos tener cuidado con los bulos, sobre todo los que tocan temas sensibles como la salud o la política. Constantemente somos bombardeados con informaciones falsas, tergiversadas o, lo más peligroso: medias verdades. Si se tocan temas de conspiración o “conspiranoia” deben ser analizados cuidadosamente.

En una conferencia junto a María, Cripta de las ánimas.

¿Qué tipo de testimonios o fuentes consideras más fiables?

Se tiende a desconfiar de blogs y foros, y a darle credibilidad a medios tradicionales o agencias de información. Está bien, pero hay que ver web por web, porque ni todo lo de un lado es malo, ni todo lo del otro es bueno.

Respecto a los testimonios, el tiempo y la práctica de entrevistar a testigos te dan pistas sobre la posible veracidad de lo que te están contando. Por ejemplo, si encuentras contradicciones, o si notas un afán de protagonismo o de fabulación desmedido (en otras palabras, ser un “flipado”). Pero no es fácil. En el tema ovni se suele dar más credibilidad a personas que trabajan en sectores cercanos a la aeronáutica como controladores aéreos, pilotos, mecánicos de aviación… Pero yo no distingo de títulos a priori.

¿Qué fenómeno es, a día de hoy, el más difícil de explicar con las herramientas actuales?

Muchos: la reencarnación es algo muy incómodo, con testimonios de niños que narran con detalle vidas pasadas que pueden ser rastreadas y confirmadas. Ok, no existe la reencarnación. Pero ¿entonces qué están recordado esas personas?

O cuando durante una ECM el paciente es capaz de ver, con todo lujo de detalles, lo que está ocurriendo en el quirófano o en la habitación. Repito, con todo lujo de detalles. Un paciente que está siendo intervenido y “algo” se sale de su cuerpo y lo ve y lo escucha todo.

¿Sigo?

Cruz Niño Pedrin.

¿Cuál crees que es el error más común al interpretar señales o sucesos aparentemente inexplicables?

El error más común es ser humanos, y por tanto falibles, emocionales, o incluso racionales. El error más común es no ser máquinas. Cuando interpretamos lo pasamos por nuestros filtros morales, de creencias (o de no creencias), nuestros anhelos y nuestros miedos.

¿Qué caso clásico del misterio sigue sin convencerte o crees que está mal interpretado?

El fenómeno ovni en general. Por poner un caso clásico concreto: el incidente de Roswell.

¿Hay algún fenómeno que te produzca más respeto o incomodidad investigar?

Todo lo relacionado con el diablo, aunque pueda ser un constructo humano, me da un poco de miedo y rechazo. Aquí entran de nuevo mis contradicciones: por una parte, racionalmente, mucho de lo relacionado con posesiones podría ser explicado de una manera psicológica. Pero por cosas que me han contado personas de mi confianza… es mejor no jugar con el diablo, y mucho menos desafiarlo.

¿Alguna vez has guardado un caso en el cajón por que de sacarlo has pensado que nadie te creería?

Más que eso, que parece muy guay en el fondo, he guardado o no emitido casos por parecerme o bien demasiado polémicos o bien demasiado fantasiosos.

¿Qué responsabilidad crees que tiene un divulgador del misterio para evitar la desinformación?

Mucha, porque estos temas de frontera son muy complicados. No tenemos la prueba definitiva de que la vida continúa después de morir, pero tenemos sólidos indicios. No tenemos la prueba definitiva de que nos visitan inteligencias no humanas (no sería correcto decir extraterrestres), pero tenemos sólidos indicios. Importante contrastar y no asegurar nada que no tengamos probado.

¿Cómo se puede mantener el equilibrio entre rigor y entretenimiento en los medios?

La fórmula de ese elixir es la que buscan muchos y casi nadie consigue. No voy a inventar yo ahora la panacea. Historias que interesen, no engañar a nadie (ni siquiera a ti mismo) e ir con la verdad por delante. Pero para no aburrir es muy importante el cómo se cuenta, y qué no se cuenta, porque todo no se puede contar. Y eso ya es otro asunto…

Explorando un lugar misterioso.

¿Ha cambiado la forma de divulgar el misterio con el auge de las redes sociales?

Las redes te obligan a adaptarte a sus algoritmos, cosa que yo no acabo de hacer y, claro, eso me penaliza. Pero más que cambiar mi forma de divulgar, la adapto al formato de cada red social, con mayor o menor éxito, porque no estoy pagando para que se vean más mis publicaciones, que es el secreto de muchas estrellas de X o de Instagram.

¿Cómo gestionas la crítica o el escepticismo extremo hacia tu trabajo?

Me gustaría decir que me resbalan las críticas, sobre todo si son infundadas y solo desde el rencor o la envidia, pero no es así. Intento estar al margen y, si la crítica es constructiva y desde el buen rollo, usarla para mejorar. Hay críticas que me han ayudado a crecer porque estaban hechas desde el cariño. Otras son de personas de mal fondo, con vidas vacías, que intentan sumergirte en sus abismos. He aprendido, además, que cuando a alguien no le gusta algo lo dirá con mucha más facilidad y frecuencia que cuando sí le gusta. En otras palabras, la gente solo hace el esfuerzo de poner una reseña cuando es negativa.

Respecto al escepticismo extremo, es mejor llamarlo negacionismo. Hay que lidiar con una porción de gente que ha escogido como religión el negarlo todo por antonomasia y jamás reconocer que lo paranormal pueda existir. Es imposible hacerlos cambiar de opinión. 

¿Qué diferencia al buen divulgador del que solo busca impacto o sensacionalismo?

Bueno, yo no estoy para dar lecciones a nadie, pero diría que la honestidad y el rigor.

¿Crees que algún día se logrará explicar la mayoría de fenómenos considerados paranormales?

Antes pensaba que sí, pero en la actualidad pienso que no. Antes esgrimía aquella frase de “llamamos misterio a lo que en el futuro llamaremos ciencia”. Pero creo que hay cosas cuyo origen o naturaleza jamás sabremos. Y así tiene que ser, aunque nos pese. Quizá de momento no merezcamos saberlo…

¿Cuál es para ti el más complejo de explicar: los Ovnis o el de las casas encantadas?

¡Los ovnis sin duda!

¿Qué importancia tiene mantener una mente abierta sin caer en la credulidad?

Toda. Es la clave. Pero ejercerlo de verdad, no de postureo. Y por otra parte, reconocer que es casi imposible hacerlo al cien por cien. Al final hay lugares a los que no se llega sin las creencias.

Firmando su libro "Enigmas y misterios de Madrid".

¿Qué te motiva a seguir investigando después de tantos años?

Que me siguen apasionando estos temas fronterizos porque siguen resultando misteriosos, es decir, molestos para algunos, incómodos, de difícil (o imposible) explicación. Y me encanta viajar buscando enigmas o entrevistar a testigos que han vivido cosas extraordinarias. Es lo que me mueve y mi vocación.

¿Qué le dirías a alguien que quiere iniciarse en este mundo pero no sabe por dónde empezar?

¡Que no entre, que ya somos muchos! Es broma. Le diría que lea mucho, que ya no se lee y menos los jóvenes. Que lea y escuche, es decir, que tenga paciencia, algo también muy inusual entre las nuevas generaciones. Y que aprenda inglés avanzado. Y que tenga la mente abierta.

¿Qué papel crees que juega el misterio en la cultura y la sociedad actuales?

Aunque está relegado a un grupo de loquitos y crédulos (así es como nos ven desde fuera), la verdad es que somos muchos y muy variados demográficamente hablando. Hay hombres y mujeres, creyentes y ateos, doctores y simplemente licenciados en la universidad de la vida. El misterio ha de seguir como la piedra en el zapato de la razón más recalcitrante, como una baliza que continúa diciendo que hay cosas que no podemos explicar. Y eso es maravilloso y fascinante, aunque saque de su zona de confort a muchos cientificistas.

El misterio, en pleno siglo XXI, sigue vigente, y lo vemos en series y en documentales, en centenares de podcast, en viajes y rutas misteriosas… Aunque lo quieran matar, le pasa como al rock n’ roll, que se resiste a morir y por buenas razones.

Si pudieras resolver solo un enigma en toda tu vida, ¿que elegirías y por qué?

Qué sucede tras la muerte.

¿Qué te gustaría que quedara como herencia de tu trabajo?

No sé lo que pasará en el futuro, y todavía tengo mucho por aprender y espero que mucho por hacer. Hasta la fecha he conseguido ganarme la vida con mi esfuerzo, hablando de estos temas lo mejor que he sabido: sin padrinos ni enchufes. No quiero ser ejemplo de nada, ni ser recordado por nada en especial más allá de un humilde legado en forma de libros y programas.

Momentos antes de su conferencia sobre el fenómeno de las sombras.

¿Qué pregunta nunca te han hecho y te gustaría responder?

Esto es muy difícil, pero por no dejarlo en blanco voy a decir: ¿Crees que hay que separar al artista de su obra?

Depende. Desde luego muy pocas biografías de músicos o pintores resistirían un escrutinio profundo. Debemos aceptar que todos tenemos nuestras sombras y que pintar o componer bien no te hace buena persona. Ahora bien, hay que ver caso por caso. Si el sujeto es un abusador, un asesino, etc., no es que su legado quede descartado automáticamente, pero a mí, sinceramente, me deja de interesar más allá de analizar en su obra las trazas de su criminalidad. Sí me puede dejar de parecer “bonita” una película, o una canción firmada por alguien que después he sabido que es un ser abyecto.

Pero, salvo personajes irredentos y absolutamente despreciables (de esos no hay tantísimos ejemplos) creo que en muchos casos hay que separar al artista de su obra.

Tras mucho tiempo de conversación debe quedar claro para Álvaro Martín el misterio no es una colección de respuestas, es más bien una invitación permanente a formular mejores preguntas. Lejos de los dogmatismos —que es válido tanto creyentes como negacionistas— defiende la prudencia, el análisis meticuloso y el respeto al testigo como pilares de su trabajo.

Su discurso no se mueve en el blanco o negro, elige la gama de grises en la que conviven la racionalidad y la intuición. Reconoce fraudes cuando los hay, admite dudas cuando no tiene pruebas concluyentes y no teme afirmar que ciertos fenómenos continúan desafiando nuestras herramientas actuales.

En una época marcada por la sobreinformación y las medias verdades, su postura resulta casi contracultural como es investigar sin sensacionalismo, divulgar sin engañar y aceptar que quizá haya enigmas —como qué sucede tras ese misterio que es la muerte— que nunca lleguemos a resolver del todo. Y tal vez ahí, precisamente ahí, en esa incomodidad, es el lugar donde reside la verdadera fuerza del misterio.

Madrid tiene muchos lugares mágicos, aparicionistas y de poder.