Entrevista a Juanca Romero Hasmen, ¿qué sabemos realmente sobre lo inexplicable?

Juanca Romero y su obra "Planeta funerario".
“Hay fenómenos que la ciencia aún no puede abordar”, de la curiosidad infantil a 30 años de divulgación rigurosa.

A lo largo de más de tres décadas dedicadas a la divulgación del misterio, Juanca Romero Hasmen se ha convertido en una de las referencias y voces más reconocidas y respetadas del mundo del misterio. Su trayectoria se construyó desde una curiosidad innata en noches de radio y de curiosidad que lo llevó primero a la comunicación y más tarde a tomarse el misterio con una enorme seriedad.

En esta conversación profunda y sin atajos, Juanca Romero repasa su vida, sus investigaciones, sus contradicciones y sus certezas -provisionales-. Habla del accidente de Los Rodeos y de otros casos que marcaron su carrera; del papel de los medios, de la ética, de la fe y de la ciencia; del fenómeno OVNI y del peso cultural de los enigmas; y también del niño que un día se quedó fascinado ante las voces de Antonio José Alés o Fernando Jiménez del Oso sin sospechar que, años después, sería él quien sostendría la antorcha de la divulgación responsable.

Esta entrevista abre puertas, cuestiona, provoca y recuerda por qué, incluso en pleno siglo XXI seguimos necesitando el misterio y personas como Juanca Romero.

¿Cuál fue el primer suceso o experiencia que despertó tu interés por el misterio y los fenómenos paranormales?

Mi fascinación nació en la penumbra de mi habitación durante la adolescencia. Recuerdo perfectamente esas noches pegado a la radio, escuchando las voces de Antonio José Alés o Miguel Blanco, o hipnotizado frente al televisor con el magnetismo del profesor Jiménez del Oso. Había algo profundamente seductor en todo aquello; era la sensación de estar rozando con los dedos lo imposible. Esa mezcla de misterio y cercanía con lo desconocido fue lo que terminó por atraparme definitivamente.

¿Hubo alguna persona, obra o momento decisivo que te empujara a dedicarte profesionalmente a este campo?

-Aunque mi pasión venía de lejos, mi dedicación profesional fue un proceso de maduración. Empecé en la radio en el año 1991, pero en aquel entonces mi labor no estaba centrada en lo insólito; simplemente incluía algunas secciones o pinceladas sobre estos temas en mis programas. El verdadero punto de inflexión llegó en 2005. Fue entonces cuando decidí volcar todos mis esfuerzos de manera exclusiva en este campo con la creación de Ángulo 13. Ese proyecto fue mi gran apuesta y me acompañó, dándome innumerables satisfacciones, hasta el año 2023.

La radio es el medio que más gusta a Juanca Romero.

¿Cómo ha evolucionado tu visión del misterio desde tus inicios hasta hoy?

Con el tiempo he desarrollado una especie de "radar" contra las mentiras y los fraudes que empañan el mundo del misterio. Mi discurso es ahora más moderado, pero paradójicamente menos tolerante con la falta de rigor; hoy soy mucho más directo al señalar lo que no es transparente. Entiendo la divulgación como un ejercicio de responsabilidad.

¿Qué ha sido lo más difícil de abrirse camino en un ámbito tan controvertido?

Nunca he sentido que el camino fuera difícil porque no compito con nadie, salvo conmigo mismo. Mirar lo que hacen los demás solo resta energía y efectividad.

¿Qué papel ha jugado tu entorno familiar o personal en tu carrera dentro del misterio?

Mi interés por el misterio es algo que no suelo compartir con mi entorno familiar, con la excepción de mi mujer. Ella no solo disfruta de este tipo de divulgación, sino que es quien da luz verde a todos mis proyectos, tanto dentro como fuera de este ámbito.

¿Cuál ha sido el caso más significativo o determinante de tu carrera?

Más que un caso, destacaría mi investigación sobre el accidente de Los Rodeos. Hasta el momento ha sido el trabajo con mayor proyección y satisfacciones de mi carrera. A través de una investigación pura y dura, logré dar luz a muchos frentes que hasta entonces no estaban bien iluminados, abordando tanto sus ramificaciones periodísticas como, por extensión, sus enigmas.

¿Qué metodología sueles utilizar para investigar un fenómeno y separar datos de interpretaciones?

-Mi proceso se basa en documentación, testimonios, experimentación y análisis. Sin embargo, me defino ante todo como divulgador; la investigación pura la reservo de forma casi exclusiva para el proceso de creación de mis libros.

¿Has cambiado de opinión sobre algún caso importante después de investigarlo a fondo?

¡Muchos! Me costaría señalar uno solo, pero si hago el esfuerzo, los casos más claros serían los referidos al fenómeno OVNI. Con este tema mantengo una relación de amor/odio.

¿Qué evidencias, si las hubiera, te han resultado más difíciles de explicar?

En este campo, lo difícil de explicar es casi nuestra rutina diaria. Hay situaciones que te dejan sin respuestas lógicas, como cuando la tripulación de un avión —profesionales acostumbrados al cielo— observa un objeto desconocido en rumbo de colisión; ellos saben perfectamente qué fenómenos atmosféricos o técnicos no son. También te sacuden testimonios de lo que llamamos posesiones, donde personas que apenas dominan su propio idioma comienzan a expresarse en lenguas muertas o desconocidas. O algo tan sencillo y a la vez tan impactante como un vecino de pueblo describiendo, con total naturalidad, a un ser de dos metros y piel gris en su huerto. Ese tipo de evidencias, que mezclan lo técnico con lo profundamente humano y extraño, son las que siempre resultan más difíciles de encajar en una explicación racional.

¿Cuáles son los límites éticos que te impones antes de iniciar una investigación?

Mis límites son innegociables: nunca mentir en busca de un sensacionalismo gratuito ni tergiversar un testimonio para que encaje en un formato o estilo determinado.

Juanca Romero.

¿Qué tipo de testimonios o fuentes consideras más fiables?

La fiabilidad no entiende de clases sociales ni de títulos académicos. Con los años he aprendido a leer la verdad de un testigo a través de sus ojos y, sobre todo, a través de sus pausas y sus silencios.

¿Qué fenómeno es, a día de hoy, el más difícil de explicar con las herramientas actuales?

Muchos, ¡hay tanto que no sabemos explicar en este preciso minuto! Quizás las apariciones marianas sean lo más complejo por depender de la fe, pero fenómenos como la osmogénesis, las mimofonías o la escritura automática, a veces con mensajes premonitorios, siguen desafiando cualquier base técnica o científica actual.

¿Cuál crees que es el error más común al interpretar señales o sucesos aparentemente inexplicables?

El mayor error es el sesgo de confirmación y el exceso de fe. Interpretar un suceso forzándolo para que encaje en nuestras creencias personales, en lugar de analizar los datos de forma objetiva, es lo que suele alejarnos de la verdad.

¿Qué caso clásico del misterio sigue sin convencerte o crees que está mal interpretado?

Si tengo que seleccionar solo uno, el primero que me viene a la mente es el de las Caras de Bélmez. Es un caso que sigue sin convencerme del todo; creo que, a pesar de los años, sigue estando mal interpretado o, al menos, no se ha analizado bajo el prisma correcto para llegar a una conclusión definitiva.

¿Hay algún fenómeno que te produzca más respeto o incomodidad investigar?

Incomodidad no, pero sí siento un profundo respeto por todo lo relacionado con las posesiones diabólicas. Es un terreno donde la frontera entre la psique humana y lo desconocido es tan delgada y oscura que siempre impone una prudencia especial.

¿Cuál considera tu investigación o caso más emblemático?

Como mencionaba antes, mi trabajo más emblemático y por el que se me reconoce es la investigación del accidente de Los Rodeos de 1977 -del que tiene un excelente libro: "Catástrofe 77"-. No obstante, en los últimos tiempos, mi estudio sobre los ritos funerarios en el mundo ha despertado un interés masivo tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, convirtiéndose en otro punto de referencia de mi carrera.

¿Alguna vez has guardado un caso en el cajón porque de sacarlo has pensado que nadie te creería?

Los casos que guardo en el cajón —que son unos cuantos— no están ahí por miedo al qué dirán, sino porque aún no están bien documentados. Mi misión no es convencer a nadie ni buscar que me crean, sino poner luz y taquígrafo a la información. Mi compromiso es ofrecer datos sólidos, ya sea en mis libros, reportajes o ante un micrófono.

¿Qué responsabilidad crees que tiene un divulgador del misterio para evitar la desinformación?

La responsabilidad es absoluta y, lamentablemente, a menudo se toma a la ligera. Como divulgadores, nuestro primer deber es no convertir el misterio en un “circo” de datos sin contrastar solo por ganar audiencia o clics. Tenemos la obligación ética de ser el primer filtro, el más severo, antes de lanzar una historia al público. El problema es que vivimos en una era de gratificación instantánea donde la desinformación vende más que la duda razonable. Un divulgador no puede ser un altavoz de bulos; debe ser un analista. Si una luz en el cielo tiene una explicación técnica, nuestra labor es darla, aunque eso “rompa” la magia del misterio. Ser honesto con el público significa admitir lo que no sabemos, pero también denunciar lo que es claramente un fraude. Al final, la credibilidad del misterio como disciplina depende exclusivamente de nuestro rigor y de nuestra capacidad para separar la paja del trigo.

¿Cómo se puede mantener el equilibrio entre rigor y entretenimiento en los medios?

Para mí, la clave está en no sacrificar jamás el dato o la veracidad por un titular llamativo. El rigor consiste en el respeto a la fuente y al método; pero si ese mensaje no es capaz de emocionar o de despertar la curiosidad del espectador, se pierde en el vacío. Al final, el secreto es tratar a la audiencia con inteligencia: puedes ser profundo y serio sin ser aburrido, y puedes ser ameno y emocionante sin faltar a la verdad. Cuando logras que alguien se fascine con un dato contrastado, has encontrado el equilibrio perfecto.

¿Ha cambiado la forma de divulgar el misterio con el auge de las redes sociales?

Sin ninguna duda. El auge de las redes sociales ha democratizado el acceso a la información, pero también ha acelerado peligrosamente los tiempos de consumo. Antes, la divulgación del misterio requería una pausa, una atmósfera y, sobre todo, una investigación de campo que podía durar meses o años antes de ser compartida en radio, prensa escrita o televisión. Hoy, el clickbait obliga a menudo a sintetizar lo inexplicable en apenas 60 segundos. Esto conlleva la banalización de temas que son, por naturaleza, complejos.

¿Cómo gestionas la crítica o el escepticismo extremo hacia tu trabajo?

Recibo la crítica con los brazos abiertos siempre que esté fundamentada y sea constructiva. Sin embargo, estoy totalmente blindado ante los profesionales de la envidia y aquellos propensos al onanismo intelectual; a esas voces no les dedico, ni me desgastan, un solo segundo de mi vida.

¿Qué diferencia al buen divulgador del que solo busca impacto o sensacionalismo?

La diferencia es que el buen divulgador utiliza el misterio para buscar la verdad, mientras que el sensacionalista utiliza la mentira para buscar el aplauso.

¿Crees que algún día se logrará explicar la mayoría de fenómenos considerados paranormales?

Rotundamente no, porque la respuesta no está en el fenómeno, sino en nosotros: por cada misterio que la ciencia logra resolver, nuestra propia naturaleza curiosa hace brotar cinco nuevos, y así ha sido desde que el tiempo es tiempo.

¿Cuál es para ti el más complejo de explicar: los Ovnis o el de las casas encantadas?

Para mí, ambos son igual de complejos porque, aunque parecen distintos, tocan el mismo límite de nuestra realidad.

Los Ovnis representan el misterio exterior, una anomalía que desafía nuestras leyes de la física, la tecnología y nuestra posición en el cosmos. Por otro lado, las casas encantadas representan el misterio interior, el de la consciencia y la memoria de los lugares, desafiando nuestra comprensión del tiempo y la muerte. Son las dos caras de una misma moneda que nos recuerda lo poco que sabemos sobre la existencia.

Noches de radio y de misterio con Juanca Romero.

¿Qué importancia tiene mantener una mente abierta sin caer en la credulidad?

Tener la mente abierta es una obligación profesional. Pienso que la clave está en escuchar todo con interés, pero no creer nada sin pruebas. De algún modo, dejar pasar el aire de las nuevas ideas, pero filtra los insectos del engaño y la fantasía.

¿Qué te motiva a seguir investigando después de tantos años?

Como he mencionado anteriormente, me considero divulgador por encima de investigador, y mi motor es el mismo desde que era un niño: una curiosidad infinita que viene instalada de serie en mi ADN.

¿Qué le dirías a alguien que quiere iniciarse en este mundo pero no sabe por dónde empezar?

Le diría que cultive la capacidad de asombro y un espíritu crítico innegociable. Para empezar, no hace falta tecnología compleja, sino leer mucho a los clásicos, aprender a escuchar a los testigos con respeto y, sobre todo, no tener prisa por encontrar respuestas definitivas.

¿Qué papel crees que juega el misterio en la cultura y la sociedad actuales?

El misterio y la cultura no solo están relacionados, son una misma cosa. No se puede entender la historia del pensamiento, del arte o de la propia sociedad sin esa pulsión inevitable hacia lo desconocido.

Si pudieras resolver solo un enigma en toda tu vida, ¿cual elegirías y por qué?

¡Sin ninguna duda, la resurrección de Cristo! Lo elegiría porque es el enigma definitivo; al resolverlo, no solo daríamos respuesta al mayor misterio de la historia de la humanidad, sino que caerían por su propio peso muchísimas de las grandes mentiras sobre las que se han cimentado siglos de civilización.

¿Qué te gustaría que quedara como herencia de tu trabajo?

Cuando alguien revise mi trabajo (libros, programas, artículos, etc.), sienta el impulso de hacerse sus propias preguntas y de no aceptar verdades masticadas. Si he logrado que una sola persona mantenga el asombro por el mundo, mi trabajo habrá valido la pena.

¿Qué pregunta nunca te han hecho y te gustaría responder?

Nunca me han preguntado si aquel niño que escuchaba a Alés y a Jiménez del Oso estaría orgulloso del divulgador en el que me he convertido. Y me gustaría responder que sí; no por los éxitos, los años de carrera o el alcance de mi trabajo, sino porque, después de tanto tiempo, no he traicionado ni un solo día la pureza y la honestidad de su curiosidad.

Escucharlo hablar confirma que, para Juanca Romero Hasmen, el misterio no es entretenimiento pasajero, se trata de una forma de observar el mundo y la condición humana. Su defensa del rigor, su rechazo frontal al fraude y su apuesta por una divulgación que no subestime al público son, quizás, su mayor aportación a una disciplina tantas veces zarandeada y maltratada por la exageración y la banalidad.

Frente a quienes buscan el misterio para deslumbrar, Juanca Romero lo busca para comprender. Frente a quienes necesitan certezas, él se queda con las preguntas. Y frente a quienes persiguen fama instantánea, él cultiva la continuidad del asombro. Es esa fidelidad —no obedece a una teoría, sino a una inquietud— la que explica por qué, después de tantos años, sigue investigando, sigue escribiendo y haciéndose preguntas que incomodan a la comodidad del pensamiento, valga el juego de palabras.

Si algo queda claro tras esta conversación es que el misterio no es una "reliquia" del pasado ni un pasatiempo para crédulos, se trata de una fuerza cultural que nos recuerda que aún no lo sabemos todo, que desconocemos muchísimo aún. Y tal vez ahí resida su verdadera grandeza.