Opinión: Bruno García legaliza la indignidad... pero jamás la viviría

Alquiler. - Europa Press
"La medida se vende como una 'solución creativa' a la escasez de hogares, pero no es más que un salvoconducto para la especulación"

El Ayuntamiento de Cádiz, bajo el mandato de Bruno García, ha aprobado convertir locales ubicados en ejes comerciales que apenas llegan a los 35 m2 ubicados en “viviendas” de planta baja. La medida se vende como una “solución creativa” a la escasez de hogares, pero no es más que un salvoconducto para la especulación. Lo más indignante es que el propio alcalde, instalado cómodamente en su despacho, jamás se plantearía habitar uno de esos auténticos contenedores disfrazados de hogar.

Con esta propuesta, el alcalde quiere empujar a los más vulnerables a traspasar el umbral de la vergüenza para ‘legalizar’ una realidad que la ciudad vive y es que hay vecinos y vecinasque malviven en locales que se alquilan como ‘vivienda’ sin ventilación, sin luz natural, sin privacidad… auténticos contenedores disfrazados de viviendas. Todo eso mientras la infravivienda es el día a día de familias enteras viven días encerradas, soportando goteras, malos olores, humedad y cucarachas. Pero la cosa no queda ahí.

Bruno García mira hacia otro lado mientras en portales de internet se ofrece sin ningún pudor ‘locales con vocación de estudio’ que apenas si llegan a los 20 m2 que incumplen grotescamente los requisitos básicos de habitabilidad que exige la normativa urbanística y el Código Técnico de la Edificación. Todo ello para blindar el negocio de la especulación, renunciando de forma tácita a las inspecciones o sanciones. En lugar de garantizar viviendas seguras y dignas, abdica de su responsabilidad como gestor público y ‘legaliza por dejación’ el abuso y la precariedad.

Resulta aún más bochornoso comparar esta política con las promociones de vivienda pública en régimen de compra-venta y con precios idénticos a los de mercado. Es un plan de dos velocidades: si resides aquí, Bruno García te conmina a vivir en un cuchitril porque las casas decentes son para él y sus colegas. A quienes ellos se deben, es decir los promotores, especuladores y rentistas de la ciudad, podrán sacar tajada mientras el resto nos conformamos con infravivienda o ‘locales convertidos en vivienda con encanto’. Y no nos mandan a vivir bajo las alcantarillas porque no pueden.

Es insultante vender como “progreso” lo que no es más que abrir otra vía de beneficio para los ‘buitres inmobiliarios’ que ya han convertido la ciudad en un lugar inaccesible para el alquiler digno, porque los precios son, sencillamente, indignos.

Las familias sin alternativas, los jóvenes incapaces de alquilar una vivienda decente y los mayores desahuciados para levantar una nueva finca turística: ese es el público objetivo de esta medida. El alcalde puede presentarlo como una victoria, pero es una derrota para la integridad de las personas, para el derecho a la vivienda y para la vida digna.

La pregunta que uno debe hacerse es... si Bruno García jamás viviría en uno de esos bajos o ‘locales con encanto'... ¿por qué, entonces, permite y favorece que el resto lo hagan?