Escuelas Municipales de Verano, un oasis para el ocio y conciliación en Castillo
Hace unos días arrancaban en Castillo de Locubín las Escuelas Municipales de Verano, una iniciativa que, por derecho propio, se ha convertido en una de las joyas entre los servicios que el Ayuntamiento presta a la ciudadanía durante estos meses estivales. En ellas se combina formación, diversión y socialización para que un gran número de pequeños del municipio pueda disponer de un espacio de diversión y aprendizaje, al tiempo que supone un recurso clave para conciliar la vida laboral y familiar durante el verano.
El alcalde, Cristóbal Rodríguez, destaca que “este año, en torno a un centenar de niños disfrutarán de estas Escuelas Municipales de Verano. Uno de los grandes orgullos de esta edición es contar con monitores y maestros de la propia localidad. En concreto, contamos, entre otros, con Marta Piedra y Juan Bravo, monitores del grupo de siete a once años, y Natalia Garrido, monitora del grupo de tres a seis años. Desde el Ayuntamiento agradecemos la confianza prestada por las familias, por los monitores, por los técnicos y, en definitiva, por todos los que hacen posible que estas escuelas de verano sean una realidad en nuestro municipio”.
En palabras de la monitora Marta Piedra, “a través de estas escuelas se propician las actividades ludo-motrices. Los campamentos se desarrollan de lunes a viernes, de diez a dos de la tarde, con media hora para descansar o tomarnos un bocadillo, y por supuesto, refrescarnos. Nuestro día lo finalizamos en la piscina, a excepción del viernes, jornada que se desarrolla por completo en estas instalaciones. Pretendemos que esto sea una experiencia inolvidable tanto para ellos como lo está siendo también para nosotros”.
Por su parte, el técnico municipal de Deportes, Miguel Ángel Ibáñez, ha señalado que “todos los años esta actividad es la reina del verano en Castillo, pues tratamos de conseguir que todos los padres tengan la posibilidad de dejar a sus hijos en un ambiente de diversión y seguridad. Sobre todo nos satisface mucho ver a los hijos de personas que están fuera del pueblo, que vuelven a la localidad durante el verano, y a los que les encanta que sus niños vengan a pasar el verano aquí. Para nosotros esa es una de las mayores ilusiones, y lo que hace que trabajemos con mucho más empeño en esta actividad para conseguir que los pequeños que viven fuera se sientan también partícipes del pueblo, y en definitiva, castilleros”.