¿Quién educa a los jóvenes andaluces en sexualidad? El porno, alertan los expertos
El consumo masivo y precoz de pornografía entre adolescentes se ha convertido en una preocupación creciente para profesionales de la salud mental, la educación y los entornos familiares. Desde hace meses, distintos expertos vienen alertando del impacto de esta práctica sobre el desarrollo emocional, la sexualidad y la conducta social de los menores, especialmente en un contexto donde el acceso sin filtros a contenidos explícitos es prácticamente inmediato.
En un foro reciente celebrado en Málaga, organizado por el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) junto al Centro de Tratamiento de Adicciones MonteAlminara, expertos de distintas disciplinas coincidieron en la necesidad urgente de actuar para frenar esta tendencia, dotando a familias, educadores y adolescentes de herramientas preventivas.
"Nos preocupa profundamente el incremento de violencia sexual hacia las niñas, y el creciente consumo diario de porno entre los más jóvenes, que se sitúa ya en el 62,5%", advirtió Ruth Sarabia, delegada territorial de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta. Subrayó también la falta de preparación de muchos padres y profesores para abordar esta problemática: "La incapacidad de las familias para abordar este problema en los hogares, así como de los profesores en los centros educativos, es alarmante", apuntó. En este sentido, recordó que "el año pasado se hizo una campaña con motivo del 25N, dirigida a profesores y a las familias, en el que se aportó un material específico a los institutos para ayudar a prevenir, entre otros problemas, el preocupante incremento del consumo de pornografía".
Por su parte, Inmaculada Navas, psiquiatra y directora médica de MonteAlminara, alertó de los efectos psicológicos que puede desencadenar el consumo habitual de porno en edades tempranas. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la ansiedad, la baja autoestima, el aislamiento y una visión distorsionada de la sexualidad, explicó. Navas fue clara: "El consumo de pornografía genera unas expectativas irreales sobre la sexualidad, normalizando comportamientos agresivos que perpetúan la violencia sexual. Educar en la sexualidad y en el uso responsable de los dispositivos electrónicos es la mejor herramienta de prevención", concluyó.
Javier Ortiz, terapeuta y creador del programa Objetivo-Libertad, compartió su experiencia personal con esta adicción y propuso un enfoque de intervención centrado en cinco pilares: "Las 5 claves para la recuperación de una adicción como la de la pornografía son la rendición, la renuncia, realizar un proceso de auto conocimiento, el perdón y vivir una vida con propósito", explicó Ortiz, quien subrayó: "Yo también he pasado por una adicción, por eso sé que es fundamental pedir ayuda profesional y tener el máximo apoyo de la familia".
Una de las intervenciones más contundentes fue la del juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, quien abordó la relación directa entre el mal uso de la tecnología y el aumento de delitos cometidos por menores. Aseguró que "uno de los detonantes principales de los delitos producidos por los jóvenes y menores en la actualidad son, sin duda, las adicciones", y señaló especialmente la adicción a los móviles y redes sociales, que ha amplificado casos de agresiones sexuales, bullying y otras conductas violentas. Calatayud reclamó mayor implicación institucional y un firme compromiso por parte de las familias en la educación de sus hijos, sin delegar completamente esa responsabilidad en los centros escolares.
El acto concluyó con una mesa redonda abierta al público y fue clausurado por Carlos Bautista, delegado de Salud en Málaga, quien subrayó la urgente necesidad de atajar el impacto social del mal uso de la tecnología en edades tempranas.
Este tipo de encuentros se han consolidado como espacios fundamentales para debatir y visibilizar una problemática que, aunque a menudo silenciada, está marcando profundamente el desarrollo de las nuevas generaciones. La necesidad de actuar de forma coordinada entre instituciones, centros educativos y familias se ha convertido en una prioridad urgente para preservar la salud emocional de la juventud andaluza.