San Antón prende la ciudad entre tradición, sátira y atletismo popular
El primer gran acto tuvo lugar el viernes con la lumbre oficial en el barrio de San Juan, punto de reunión habitual para vecinos, familias y visitantes. Horas antes, la iglesia del mismo barrio acogió la tradicional bendición de los animales, oficiada por el párroco Javier Cañada tras la misa en honor al santo. Perros, gatos y otras mascotas pasaron por el atrio del templo en brazos de sus dueños o sujetos con correas, en una escena que volvió a unir a varias generaciones en torno a uno de los rituales más entrañables de la festividad.
La hoguera oficial mantuvo también el carácter crítico y popular que históricamente acompaña a estas celebraciones, con un cartel impulsado por el Patronato Municipal de Cultura protagonizado por un lagarto a modo de “pelele” y un mensaje irónico sobre los presupuestos municipales de 2017. Junto a las llamas no faltaron las rosetas, las bebidas servidas por la Cofradía del Santo Sepulcro ni el ambiente festivo aportado por los bailes y melenchones de la Asociación Lola Torres, que pusieron música a una noche en la que el frío se combatió con brasas y conversación.
Ya el sábado, el fuego se extendió por toda la ciudad con el encendido simultáneo de decenas de lumbres que acompañaron a la celebración de la Carrera Urbana Internacional Noche de San Antón. Miles de corredores tomaron las calles en una prueba que, más allá de su dimensión deportiva, comparte el mismo espíritu popular y participativo que rodea a las hogueras. El olor a calabaza asada y a rosetas se mezcló con el humo de la leña y el esfuerzo de los atletas, mientras vecinos y visitantes animaban el recorrido convertidos también en parte activa de la fiesta.
Este año, la tradición sumó nuevas hogueras y espacios repartidos por distintos barrios, reforzando el carácter colectivo de una celebración que ya no se concentra en un solo punto, sino que abraza a toda la ciudad. Así, entre la ceniza que aún flotaba en el aire y las zapatillas gastadas sobre el asfalto, Jaén volvió a confirmar que San Antón no es solo un recuerdo del pasado, sino una expresión viva de su identidad, capaz de unir devoción, sátira, convivencia y deporte en un mismo ritual de invierno.