Cuatro jiennenses investigan cómo se mueve la tierra en el fin del mundo

Investigadores de la Universidad de Jaén trabajan en la Antártida para estudiar deslizamientos volcánicos en un laboratorio natural único
La campaña antártica de la Universidad de Jaén está llegando a su fin. - Foto: UJA.
La campaña antártica de la Universidad de Jaén está llegando a su fin. - Foto: UJA.
En Isla Decepción, una caldera volcánica en las Shetland del Sur, cuatro investigadores de la Universidad de Jaén pasan estos días con las botas hundidas en ceniza helada y la mirada fija en el suelo. Buscan entender cómo se mueve la tierra.

Desde el 7 de enero, Alfonso Ontiveros, Isabel Abad, Manuel Ureña y Mario Sánchez-Gómez participan en la Campaña Antártica Española 2025-2026 dentro del proyecto SUPRODEI. Estudian deslizamientos de ladera y lahares, flujos de barro y material volcánico capaces de causar catástrofes similares a una erupción. Isla Decepción ofrece un escenario excepcional: los materiales apenas han sido alterados y permiten observar procesos casi “en crudo”.

Su trabajo combina muestreos geológicos con modelización 3D mediante técnicas geomáticas en zonas donde ya se aprecian movimientos del terreno. Sobre el terreno, eso significa caminar durante horas entre hielo y pendientes inestables, cargar equipos, medir, registrar y volver con cuidado. El paisaje impresiona, pero exige respeto constante.

Su base de operaciones es la Base Antártica Gabriel de Castilla, operada por el Ejército de Tierra. Allí procesan las muestras antes de enviarlas a España y planifican cada jornada según el parte que elabora AEMET. El tiempo manda: el viento decide rutas y, a veces, el mar interior de la caldera es la única vía para desplazarse.

Cuando regresen a Jaén, analizarán en laboratorio la composición física, geoquímica y mineralógica de lo recogido. Ese trabajo silencioso permitirá avanzar en la prevención de riesgos en zonas volcánicas habitadas.

Su misión forma parte de un dispositivo mayor con 28 proyectos y cerca de 190 personas, que incluye vigilancia del Instituto Geográfico Nacional y apoyo logístico y científico internacional. Mientras tanto, ellos siguen tomando notas con los guantes puestos. Y, aunque todo alrededor sea blanco, llevan muy presente el verde de su tierra y la certeza de que lo aprendido allí puede ser útil en cualquier lugar donde, de repente, la tierra decida moverse.