Entre olvidos, retrasos y restauraciones
Sí, desde antaño se habla y algo se escribe y algo se hace para recuperar, a veces con desesperante lentitud, esa gran mayoría de veces que la sabia naturaleza nos ha regalado y, con ese patrimonio, hoy podemos admirar elementos en mayor o menor estado de recuperación. Todo ello a pesar de incluso cierta apatía y en lo que se refiere a las responsabilidades de las distintas administraciones y, aparte carencias en materia museística, programas de actuaciones que nos permitan hacer un buen uso de incluso edificios concebidos para acoger servicios y actividades generadas a nivel local, provincial y hasta de carácter nacional. Un ejemplo lo tenemos, en lo que a Madrid se refiere, y al edificio sede, primero como Gobierno Civil de la provincia, y ahora, después de un montón de años desde el comienzo de obras de restauración-mejoras de ese emblemático edificio que ocupa como sede de la Subdelegación del Gobierno Central…
El tema preocupa y entusiasma y, como reciente, la recuperación del edificio situado en el paseo de Santa Fe, con distintos usos desde mercado a sede de la Policía Nacional y hoy a la espera del proyecto o proyectos previstos por el Ayuntamiento ante viejas aspiraciones que los técnicos deberán poner en orden de prioridades y reforzar el interés turístico que hasta ahora solo gira en torno al Museo Provincial y rotando con otros temas singularmente museísticos relacionados con Tartessos y parece consolidado para exponer el legado de José Caballero. De momento previsiones las hay pero al compás de los tiempos nos encontramos con un sí y un no respecto a sede definitiva para el museo de Bellas Artes, una idea-proyecto a la espera de que políticos y técnicos decidan qué hacer cuando haya fecha para las obras de reforma del Banco de España, que Dios sabe cuándo se iniciarán. ¡Ah! y cuándo punto y final para la sede de la Delegación del Gobierno en la entrañable Hacienda.
La verdad es que muchas son las ideas y no demasiados los escenarios-edificios para ubicar ese añejo proyecto de Casa-Museo de América, que desde la Diputación Provincial de don Antonio García-Ramos Vázquez hace un montón de años se ubicaba en La Rábida y que doña Pilar Miranda Plata siendo presidenta del Puerto situaba en el Muelle de Levante en un edificio que, al final, sucumbió ante las máquinas demoledoras. Hoy, ante el nuevo horizonte industrial de Huelva, la capital necesita un adecuado y dimensionado Palacio de Congresos y Exposiciones que, por cierto, ¿qué zona de la ciudad es la aspirante a este nuevo edificio que dejaría al actual de la Casa Colón para otras actividades menores? Un panorama ciertamente preocupante cuando vemos la lentitud con la que hasta ahora se ha trabajado en ese pseudo bunker, cuyas obras se iniciaron hace un montón de años, con parones a diestro y siniestro, para centralizar el tan necesario Archivo Histórico Provincial clamando por su inauguración y pasar desde el actual reducido espacio de que dispone. Un ejemplo más de otras sedes y distinta actividades generadas a estas alturas desde otros servicios de la administración andaluza.
Las perspectivas rayan entre la ilusión y la desesperación ante los responsables de las tres administraciones y menos mal que el buque insignia que es el Puerto de Huelva está considerado como punto de referencia en lo que al desarrollo de toda la provincia se refiere. Todo ello, además, con la escasa dinámica en el campo de las infraestructuras, donde nos encontramos con la desesperante actividad en lo que a la alta velocidad se refiere, ahora todo confiado al entendimiento con Portugal y Sevilla, es decir, todo parece depender de la capacidad de actuación de ambos vecinos, después de que nuestra paciencia y desconfianza lleva 34 años sumidos en el desconocimiento-engaños de un Gobierno Central que, salvo en parte de Andalucía y hacia el norte y este de una ubicación que hasta hora solo ha generado -repito e insisto- engaños y retrasos acumulados altamente desesperantes.
El Puerto de Huelva, menos mal, es la única lucecita que nos alumbra, pero la inactividad aparente y/o visible de parte de su territorio solo genera desazón e incertidumbre. Sí, ¿qué pasa con esa herencia que nos dejaron aquellos astilleros que apenas tenían tiempo para echar al agua toda aquella gama de buques, pero que, como se dice, se unieron al vecino de Sevilla, que venía dominando al sector, y aquello solo supuso el cierre para entrar en una parada que a lo mejor está en los plazos y a lo mejor a la espera, de qué? El cuento de nunca acabar como veremos más adelante, ante el caso de las balsas de fosfoyesos, o el del Chare de Lepe, incalificable en tiempo y formas, o el de Aracena, éste a medio terminar, o el de Bollullos Par del Condado, que Dios sabe cuándo… ¡Ah! Pero preparémonos con lo del Ensanche Sur, después del parón de esa mano negra que todo lo puede y donde todo puede ser posible y recompensar el tiempo perdido. Pausa, que otro día habrá más…