J. S. Canales

¿Peor que un mal fario? (1)

La verdad es que la mayoría de las veces no deja de ser una gran verdad el tristemente decir de cuando los males que suelen acecharnos se convierten en algo peor que una maldición
Senda peatonal de la ría de Huelva. | APH.
Senda peatonal de la ría de Huelva. | APH.

La verdad es que la mayoría de las veces no deja de ser una gran verdad el tristemente decir de cuando los males que suelen acecharnos se convierten en algo peor que una maldición. Las cosas así nos encontramos con una expresión que encaja cual anillo al dedo -y seguimos con los decires y/o los refranes- a la vista de las muchas contrariedades con las que se viene enfrentando la provincia de Huelva desde hace más que un montón de años (¿) en algo tan elemental como son las infraestructuras por mucho crecimiento que hayamos experimentado desde hace más de 50 años. Si la memoria nos es fiel, todo empezó cuando el Gobierno de Madrid, al calor  de aquel esperanzador I Plan Nacional de de Desarrollo, se acordó de Huelva -dicen los más advenedizos- por aquello de que 500 años después ya era hora de que al calor de La Rábida se empezase a valorar la zona de sus inmediaciones: donde surgió el Polo de Promoción Industrial  primero y posteriormente de Desarrollo después...

Sí, por fin se empezaba a valorar la hazaña basada en La Rábida y los Lugares Colombinos y se llegó a la conclusión de que el Puerto de Huelva no iba a ser capaz de soportar la nueva carga de progreso que ello suponía al calor de las minas y la pesca, y extendiendo la vista a lo largo y ancho de esos luminosos 120 kilómetros de litoral -playas como símbolo también de progreso a otros niveles  todavía no lo suficientemente valorados- que fueron presentados en 1971 en Madrid como Exponuba/71 y un I Plan de Promoción Turística tan acertadamente denominado y compartiendo alicientes con la vecina Cádiz, a estas alturas todavía no lo suficientemente materializados porque ahí si que la naturaleza nos lo puso difícil con ese mítico río para el vecino de al lado como con el tiempo ha venido demostrando ante  lo que me atrevo a considerar inexplicable inoperancia de esa Huelva rayando casi siempre en la indolencia.

La verdad, que no es otra, tenía que premiar de alguna forma esos impulsos de cuando todavía mandaban en Madrid y hubo grandes figuras a distintos niveles que con esos avales como Polo de Promoción-Desarrollo Industrial y Plan de Promoción Turística de la Costa de Huelva -¡de la Luz, caramba!- se sentaron las bases de dos paradores nacionales de turismo, uno en cada extremo del litoral y una generosa captación de promociones hoteleras tanto en la capital como en la costa. ¡Ah! Y a nivel industrial la incipiente actividad constructiva naval dio el gran salto con aquel milagro al calor de Astilleros de Huelva, que supuso poner en el sector embarcaciones pesqueras y de otras características que llegaron a ser la gran sorpresa-milagro de una tierra que volvió a alcanzar gloria y riqueza por las  nuevas rutas del mar.

La historia, sin embargo, es a veces demasiado cruel, y mientras la industria no fue la gran protagonista de esos siempre bienvenidos alardes, el Puerto de Huelva empezó a crecer y como apuntaba este periódico no hace muchos días, el pasado año cerró un buen año -así como suena- con un tráfico por encima de los 30 millones de toneladas y la perspectiva lo apuesta todo al año en curso y que supone un salto cualitativo, con grandes proyectos que marcarán 2026, vinculados a la actividad portuaria y a la transición energética, pero también a la estrategia puerto-ciudad, lo anterior con una inversión de 53 millones de euros. Un punto en el que el proyecto más relevante para la ciudad es la remodelación del muelle de Levante con el soterramiento de la avenida de Hispanoamérica con una inversión de cerca de 60 millones de euros y la previsión de que el proyecto estará adjudicado a finales de año y las obras comiencen inmediatamente. ¡...Y olé, Huelva, Huelva, Huelva!

¡Ah! Sin embargo, la verdad es que nuestro gozo en un pozo en lo que se refiere al vacío existente en materia de infraestructuras, con el añadido -a falta de esas puñaladas de la madre naturaleza en lo que va de año- y el gran vacío en materia de infraestructuras viarias -que Dios sabe a cuánto subirán esos daños ¿imprevistos del todo?- porque todavía se sigue mojarreando del AVE, y del Hospital Materno-Infantil, que según los de enfrente y según los papeles todo parece haber cambiado cuando se vuelve, de pronto, a hablar de “área materno-infantil” -¿todo por una decisiva palabra?- y, a propósito de temporales o danas, cuántas personas menos se podrán bañar con seguridad en casi todas las playas de Huelva. A pesar de ese trueque-milagrito de 60 millones procedentes ¿de la Política Agraria Común? Dinerito que dicen se va a destinar a recuperar parte de las playas ¿andaluzas? , “que están sufriendo estragos”. Bueno, me quedo a medias porque silencio sobre la presa de Alcolea y el túnel de El Granado, que sí son materia agrícola, y ¿qué más da confundir lo uno con lo otro, como dice el refrán? ¿no? Otro día más, leo: “Ver la playa así es para llorar”. Eso. Pero ¿dónde?...