Perderse en el Parque Moret
Sí, la verdad es que puede decirse que es nuestro entrañable y para unos todavía desconocido Parque Moret -una auténtica joya de la naturaleza, dicen-, que afortunadamente Huelva supo valorar y no convirtió ese entramado tan irregular y desconcertante en una urbanización más, poco más o menos como ha estado a punto de suceder con el cabezo de La joya, lugares que me he permitido recorrer con mi scooter eléctrica -¿un atrevimiento?- y demostrar que esto de la accesibilidad es algo que la sociedad en general no termina de asimilar ya avanzado el siglo XXI, cuando todo depende -ojo al dato- de asumir responsabilidades y pensar en los demás, dejando de mirarse el ombligo y hacer que quienes fueron-somos víctimas de una pandemia como la polio no nos conformamos con permanecer o ir en silla de ruedas, de esas que todavía vemos no solo en las películas del siglo pasado y que solo sirven –perdón- para acentuar todavía más la discapacidad de cada uno…
El tema es ciertamente complicado, como complicado es que un deseoso de libertad como yo, después de visitar El Conquero y su avenida de Manuel Siurot Rodríguez ¿sin terminar?, decidiese en última instancia adentrarse -así, como suena- en el acceso por la avenida de La Cinta. Sí, asombro ante todo al descubrir -hay que repetirlo- esta auténtica joya de la naturaleza, pero -que me perdonen sus descubridores e impulsores- porque no me ha deslumbrado totalmente a la vista de actuaciones a medias sobre las que he tenido que discurrir extremando toda clase de precauciones. Unas veces sobre algo así como acerados de cualquier otra vía urbana y trozos y/o tramos que solo tienen tiempo de ser usados si no llueve demasiado, o si ha llovido no hace mucho. Esos tramos o trozos no han recibido el adecuado tratamiento para evitar socavones o erosiones a diestro y siniestro.
La verdad es que eché de menos una mínima señalización, con toda la rusticidad necesaria e indispensable y -¡oh! milagro- siquiera una brújula que me orientase un poco en medio de tanta arboleda y desniveles que hacen sentirse en un bosque en vías de terminación de una actuación a la que no quito mérito por supuesto y sí animo a cuando las disponibilidades presupuestarias lo permitan (¿), implantar una serie de señales que faciliten en cualquier momento saber dónde estamos y, por supuesto, si uno va solo, que no es ninguna imprudencia –creo-, para saber por dónde tirar y por dónde continuar para conocer detalles como los lagos, etc., etc. ¡Ah! Y por supuesto valorar hacia qué salida debemos circular -ojo- en el supuesto de que tengamos la pretensión de salir por una zona concreta del entorno y curiosamente “a la vista” de esas edificaciones que suelen animarnos un poco por su proximidad.
El domingo de marras decidí salir por la avenida de Santa Marta, orientándome un poco por La Hispanidad, pero hete aquí que me encontré con dos salidas cuyas cancelas estaban cerradas y aseguradas con sendos candados. Sí, algo que nos defraudó junto a otras personas que también estaban allí como principiantes y que no podían entender ese cierre cuando las demás alternativas, posiblemente de emergencia, que todo puede ocurrir en caso de lluvia, por ejemplo, era difícil y/o complicado de concretar y usarlas adecuadamente. Sí, creo que me entenderán y que no exagero pero sí creo ser consciente de que la señalización brilla por ausencia en este regalo de la naturaleza que bien merece, como mínimo, un buen mantenimiento y mejoras de caminos y/o senderos, dotándolos de ese carácter de acerado que lleva a la normalidad esa accesibilidad que para políticos, técnicos y administraciones, en general, no entienden y no saben concretar y materializar.
A todo esto, y para no cansar y animar a quienes disponen de la necesaria movilidad y, por ley natural simplemente, a quienes precisan de unas actuaciones que ni siquiera la prensa incluye en sus páginas de opinión y si lo hace lo visualizan -¡ojo al dato!- con el clásico chiste o nota de ¿humor?, representando un establecimiento de ortopedia y al señor en silla de ruedas convencional de la época de los Reyes Católicos y que, en respuesta a su pregunta, se le muestra una silla de ruedas ¡eléctrica! con el argumento para poder vender de “…y este nuevo modelo lleva freno inteligente… ¿le gusta?” La respuesta no puede ser otra que contestar ese rotundo: “No, lo inteligente es no ponernos frenos” y visualizar todo esto el ‘Día Internacional de las Personas con Discapacidad’. (La otra triste verdad es que cuando una persona llega en scooter eléctrico a un centro sanitario y no entra en el ascensor, el pretexto no es otro que ¡es que usted se ha comprado un aparato muy grande! Sí, hay que seguir usando sillas manuales o empujadas)…