Un paraíso a la deriva

¿Cuánta riqueza se está perdiendo por un problema que tiene solución si existiera voluntad política? Pero el Club Náutico Puente de Hierro es mucho más que una instalación deportiva o pesquera.

Hay lugares que no deberían doler. Espacios concebidos para el disfrute, para el encuentro sereno entre el ser humano y la naturaleza, para recordarnos que aún existen rincones donde el tiempo parece detenerse. El entorno del Club Náutico Puente de Hierro es uno de ellos: un enclave singular, abrazado por caños, esteros y salinas con una belleza discreta y auténtica que convierte cada visita en un privilegio. Y, sin embargo, duele. Duele profundamente. Duele porque resulta inaceptable que, más de veinte años después de su inauguración, este espacio continúe atrapado en un abandono crónico, rehén de un absurdo cruce de competencias entre administraciones que se pasan la responsabilidad como si fuera una patata caliente. Mientras tanto, los socavones se agrandan, el acceso se vuelve intransitable e inaccesible y la imagen de un lugar privilegiado se desmorona, literalmente, con cada episodio de lluvia. No hacen falta temporales históricos. Bastan cuatro gotas para que el terreno se convierta en una trampa.

Y eso es lo más grave: que lo excepcional se haya convertido en rutina durante dos décadas. Que los usuarios asuman año tras año el coste de parchear un terreno que vuelve a romperse como una herida mal cerrada. Un esfuerzo económico y humano inútil mientras nadie quiere -o se atreve- a ir al origen del problema. La Demarcación de Costas se ampara en que se trata de dominio público. Y lo es. Pero precisamente por eso la implicación debería ser mayor, no menor. Lo público no es de nadie, pero lo disfrutamos todos. Y cuando lo público se degrada, la responsabilidad no puede diluirse entre informes, expedientes y excusas técnicas. Resulta difícil de justificar que en un entorno que genera actividad, empleo y riqueza, la respuesta institucional sea la parálisis.

Tampoco el Ayuntamiento puede seguir mirando hacia otro lado. Aunque la titularidad última recaiga en la Junta de Andalucía, es la administración más cercana -el Consistorio-, la que conoce el terreno y la realidad diaria. Dejar que el problema se pudra -nunca mejor dicho- es también una forma de abandono. Gobernar no es solo inaugurar; es mantener, cuidar y defender aquello que da valor a la ciudad. Especialmente sangrante es la situación del restaurante del club náutico Orígenes. Un establecimiento de calidad, generador de empleo y dinamizador de la zona, que ve cómo potenciales clientes se dan la vuelta antes de llegar porque el acceso lo impide. No por falta de interés, sino por pura imposibilidad.

¿Cuánta riqueza se está perdiendo por un problema que tiene solución si existiera voluntad política? Pero el Club Náutico Puente de Hierro es mucho más que una instalación deportiva o pesquera. Es un espacio vivo y social. Un lugar donde los más pequeños aprenden a amar el mar y la pesca a través de actividades que inculcan valores, respeto por el entorno y una afición tan sana como necesaria. Y donde los adultos y las personas mayores encuentran una vía de evasión, de convivencia y de disfrute, saliendo a faenar con sus pequeñas embarcaciones, manteniendo viva una tradición profundamente ligada a nuestra tierra. Mantener este enclave en un limbo administrativo, con concesiones caducadas y responsabilidades difusas, no es un error: es una irresponsabilidad.

La Isla no puede permitirse perder lugares así. No puede resignarse a ver cómo uno de sus espacios más bellos se va a pique por la desidia y la falta de acuerdos. Porque cuando se abandona un espacio público, no solo se degrada el terreno: se erosiona la confianza de la ciudadanía en sus instituciones. Y este barco, desde luego, lleva demasiado tiempo a la deriva. Por último, Conrado Rodríguez ha valorado el esfuerzo del gobierno local por favorecer el tejido empresarial de San Fernando apostando por la creación de nuevas empresas.