Tiempo de ilusión
El Sorteo que Abre la Puerta de la Navidad. Como no podía ser de otra manera, el artículo de esta semana debía dedicarse -y dedico- a ese gran acontecimiento que cada año cambia el pulso de nuestras emociones: el Sorteo Extraordinario de Navidad. Este 22 de diciembre, España volverá a detenerse para escuchar esa ceremonia que marca el inicio real de las fiestas navideñas. Porque, aunque el alumbrado y los escaparates se adelanten desde noviembre por motivos comerciales, la Navidad comienza cuando las voces de los niños y niñas de San Ildefonso entonan su cantinela única, esa melodía que anuncia que las fiestas han llegado de verdad. Pocas tradiciones son tan reconocibles, entrañables y tan queridas. Este sorteo forma parte de nuestra cultura emocional y de nuestra educación sentimental.
Todos tenemos recuerdos ligados a un décimo o a una participación, a la ilusión compartida con vecinos, amigos, compañeros de trabajo y familiares. España entera guarda pequeñas historias alrededor del sorteo: lugares donde siempre cae algo, bares donde se reparten, peñas eternas o administraciones que se convierten en símbolo de suerte. La Lotería de Navidad une a un país entero bajo una misma esperanza. En mi caso, recuerdo a mi padre pidiéndose el día libre en la Bazán para seguir el sorteo desde primera hora. Con su radio encendida además del Werner, por supuesto, en blanco y negro y aquellos periódicos descomunales extendidos por la mesa del salón, anotaba los números uno a uno. Tener un décimo era un lujo y comprobarlo era casi un ritual que duraba varios días.
Los niños de San Ildefonso cantaban, y el corazón de los hogares españoles latía al mismo compás. Hoy todo ha cambiado: basta un clic en el móvil para saber en segundos si estamos premiados. La tecnología ha reducido la espera y ha recortado también parte de la magia. Antes se vivía el sorteo; ahora se consulta. El ambiente era distinto, más pausado, más íntimo, más cálido. Y, sin embargo, la ilusión permanece intacta, casi inmune al paso del tiempo. Todos soñamos con la idea de que la suerte nos sonría, aunque sepamos que estadísticamente es casi imposible. Cada décimo es un proyecto esperando a nacer: viajes aplazados que nunca se pudieron realizar, deudas por fin canceladas, estudios para los hijos, negocios soñados, ideas, planes…. La mente vuela incluso antes de que empiece el sorteo.
Esa ilusión colectiva es quizá el verdadero motor del evento. No obstante, también es necesario recordar la otra cara: la efímera ilusión que puede transformarse en frustración. Por eso conviene tener presente una verdad repetida y a veces olvidada: el mejor premio no es económico, es vital. La salud, el empleo, la familia, los amigos, la tranquilidad de cada día son tesoros que ningún bombo reparte. Parece un mensaje manido, pero solo porque es profundamente cierto. Aun así, no renunciemos a soñar. Porque de ilusión también se vive, y diciembre convierte a España en un país envuelto en esperanza.
Este 22 comienza oficialmente la Navidad, que culminará el 6 de enero con la llegada de los Reyes Magos y cuando éstos cumplan con su cometido. Entre medias viviremos reuniones, abrazos, recuerdos y ausencias, esa mezcla perfecta que define estas fechas navideñas. El Sorteo de Navidad abre la puerta a la memoria y a la emoción. Nos recuerda quiénes somos, quiénes fuimos y qué queremos seguir siendo. No es solo cuestión de premios, sino de identidad colectiva. Mientras los niños canten, seguirá existiendo un país capaz de emocionarse unido. Porque el sorteo no solamente reparte fortuna.